¿Quienes Somos?​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​

MENSAJE DE LA PROCURADORA:

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Llegué a la Oficina de la Procuradora de la Mujer justamente un día después de que se ofrecieran cifras oficiales que indicaban sobre un 40% de aumento en asesinatos de mujeres.

No era la primera vez que daba mis pasos en estos pasillos. Durante años tuve contacto y colaboración constante con esta oficina, que ha sido fundamental en su misión de promover la igualdad y la equidad, erradicar las manifestaciones de discrimen y violencia, y educar a la comunidad para tomar decisiones proactivas en defensa de los derechos de las mujeres.

Desde el Hogar Ruth, donde orgullosamente serví hasta la semana pasada, promoví junto a un gran equipo de trabajo y voluntarios, programas dirigidos a fomentar el desarrollo saludable de las mujeres, desde menores.

La inequidad y la violencia de género no me son ajenas porque las he trabajado por décadas. Conozco el rostro de sus víctimas desde que llegan a un lugar buscando protección, sintiendo que la vida se le hace pedazos. Y en mi caso, las he visto llegar temerosas, con dos o tres hijos a quienes no se atreven ni soltar, la única cartera que le dio tiempo a recoger antes del próximo golpe y la última mirada de esperanza que le queda.

Algunas encuentran justicia. Otras vuelven a ser víctimas del sistema al que me propongo orientar y corregir con vehemencia, con la ayuda de los departamentos de Educación, de la Familia y Justiacia y la Superintendencia de la Policía, interesantemente todas encabezadas por mujeres.

Me corresponde en esta nueva etapa aportar mi pasión y dedicación a este tema, guiada por un deseo genuino de realizar cambios y crear conciencia.

Una sola muerte es una tragedia para todo un pueblo. Y el mensaje debe ser uno: cero tolerancia al discrimen y a la violencia de género.

El mismo día que me designaron al puesto, el entonces gobernador García Padilla, indultó a dos alcaldes que cometieron conducta delictiva contra la mujer, con el agravante de que eran empleadas suyas.

El mensaje no pudo ser peor. Para mí es claro: el ejemplo empieza por la casa.

El Plan para Puerto Rico establece claramente el velar por el respeto y las garantías de los derechos civiles y humanos de la ciudadanía. Y cuando dice toda la ciudadanía, quiere decir toda la ciudadanía. No dice “toda la ciudadanía menos las mujeres”.

Va más allá y se compromete también con una política pública de cero discrimen por razón de sexo, orientación sexual, identidad de género, ser víctima de violencia doméstica, agresión, agresión sexual o acecho, entre otras condiciones y estatus sociales.

No hay varitas mágicas para atender nuestros problemas sociales, incluyendo los relacionados al género. Pero no es un secreto que la inequidad económica provoca muchos de esos males.

El gobernador Ricardo Rosselló ya demostró su compromiso presentando medidas como la prohibición del discrimen salarial, no de manera simbólica, sino con mecanismos reales.

Vivimos momentos difíciles y es tarea de todos impedir que los más vulnerables sufran las consecuencias, llámese hombre, mujer, niño o envejeciente.

La Constitución lo exige. Nuestros valores también.